Me levante relativamente temprano, aun no comenzaba a cursar… Pero debía acostumbrarme al horario ingles… Así que quería tomar practica desde el comienzo. Aun con el piyama puesto, fui a la cocina a hacerme mi desayuno. Troy, como siempre, se rio de mi costumbre de andar todo el día en piyamas, mientras más pudiera, mejor para mi.
Necesitaba algunas cosas del supermercado, sobretodo shampoo y crema enjuague… que sería de mi pelo sino. Les pregunte si alguno necesitaba algo, pero todos ya habían hecho sus compras antes de que yo llegara, por lo que aun contaban con suministros aceptables.
Estaba nublado, pero la temperatura era alta de todos modos. Y la humedad, huh… Odiaba la humedad que desprendía Londres en Agosto. Genial, un día acá y ya me estaba quejando. Me puse mi MP3 y con mi mapa me guie hasta el mercado mas cercano. ¿Mercado? En realidad era uno de esos WallMart… en donde si no encontrabas algo te llevaban presa, pues tenían absolutamente de todo.
Entre, y por suerte no había mucha gente. Tome mi carrito y empecé a recorrer los corredores. Los productos ocupaban cientos de estanterías, y los carteles con ofertas y promociones inundaban la vista. Ni bien recorrí un pasillo me entro la desesperación. Las marcas eran totalmente diferentes, no sabia cuales eran de mas calidad, ni que contenían las cosas adentro, pues lo ingredientes… en inglés. Casi entro en pánico en medio del mercado.
Para cuando creí que nada podía ir peor… llego a la sección de perfumería. Decenas de shampoos y cremas. ¿Cómo iba a hacer para elegir de algo que no conozco? Procurando que la locura no me domine, deje mi carrito a un lado, y empecé a ver uno por uno los envases, leer sus ingredientes, comparar sus precios, ver sus etiquetas (a veces, viendo la etiqueta o el envase se puede saber si es bueno o no).
Entonces termine de verlos todos, y casi me largo a llorar. No iba a someter a mi pelo a una tortura de probar con algo desconocido así porque si. Comencé a darme la cabeza contra el manubrio del carrito, actitud bastante infantil de mi parte; cuando vi un par de zapatillas masculinas pararse enfrente mío. ¡Tierra trágame… yaaaaaa! Lentamente levante la mirada, sumamente avergonzada, y con ojos brillosos. Quien se encontraba delante mío era un hombre que debería tener más o menos mi edad, y que si me lo hubiese encontrado en la calle, hubiese salido corriendo. Tenía el pelo largo, y completamente despeinado. Parecía un nido de pájaros. El “señor cosa” llevaba barba, larga y dura. Y por si fuera poco, su ropa parecía sucia, con manchas por doquier. Un buzo gris tipo cangurito, que podía haber sido blanco en otra época. Los pantalones anchos, demasiados para él, pues parecía perderse dentro de ellos.
Y entonces volví a su rostro, y unos ojos verdes me miraban serios. Sus cejas, gruesas y expresivas; estaban casi unidas. Sonreí, como una forma de salir del asunto. Y tartamudeando empecé a explicarle la situación… a un completo extraño:
-Y-yo... Yo estaba buscando una crema para mi pelo; pero soy extranjera y la verdad es que no entiendo los envases, y no logro descifrar cual sería perfecto para mi... mi pelo. - Mientras yo le contaba mi desgracia a éste extraño, me sorprendió que comenzara a sonreír... y yo como una boba lo imite. Me extraño tener el impulso de revolverle el pelo, en busca de algún pichón olvidado por su madre.
-De acuerdo a tu cabello... – Comenzó a decir, con una voz suave y ronca. - Este debería ser el indicado... Mi hermana siempre lo recomienda - y me entrego uno de envase blanco, con detalles en verdes… Como sus ojos.
-Gr… Gracias - ¿Por dios… por qué me ponía tan nerviosa? Como si nunca hubiese estado delante de un hombre antes.
-De nada. Bienvenida. Y… hasta luego. - Tomo unos envases, y siguió su camino por el pasillo. Yo no pude evitar sentir como el calor subía a mis mejillas.
Si así empezaba… Un solo día en Londres y ya me había flechado con un brit… sacudí mi cabeza para aclarar ideas. Lo último que necesitaba en este momento era enamorarme… y de un extraño que vi una vez en el supermercado.
Cuando terminé mis compras… hice la cola y pague. Salí con dos bolsas marrones de papel, bastantes pesadas podre decir. El camino de regreso a casa se me hizo largo.

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