Argh… de solo pensar que hoy era el día que mas cursaba, me ponía odiosa. Me levante refunfuñando, y fui al baño, y oh… sorpresa… hoy era “mi día”. Por eso mi cambio de ánimos. Volví a protestar por tocarme ser mujer.
Me cambie y tome mi desayuno. Cursamos nuestras materias, una de las cuales no hacía con Lizzy, pues ella había elegido otra. A eso de las cinco de la tarde terminé y me volvía a casa, cuando saliendo de la facultad, en los transparentes, había un papel que anunciaba un gimnasio de por ahí cerca, y que a nosotros, los alumnos nos hacían descuento. Tome un papel con la dirección y fui a preguntar.
Consulte a una muchacha que atendía que clases me recomendaba, no quería nada exagerado, ni con muchas chicas muy jóvenes. Me señalo cuales se ajustaban a mis gustos; pero entonces apareció un hombre a mi izquierda.
-No pienso aceptar un no por respuesta... Te quiero YA en mi clase- grito súper-emocionado. Era el típico profesor de gimnasia gay, morocho y de baja estatura; pero con una súper auto-estima y personalidad extrovertida. Todo de lo que yo carecía.
-No creo que vaya a sentirme cómoda- Pero me tiro de la mano hacia su clase. Había chicas jóvenes, que me miraron como si fuera un espantapájaros; pero por suerte había mujeres de mi edad también. No es que por casi 27 años fuera vieja, pero hay cosas que ya no me siento habilitada a hacer.
La clase comenzó y era magnifica. Hacían coreografías, así que resulto muy divertido. Más para ellos, pues yo no lograba seguir ningún paso. Pero termine agotada, así que cuando llegue a casa, solo llegue a bañarme e irme a la cama.
El jueves me levante totalmente renovada. Como un poquito de ejercicio te hacia tan bien. Como me dolían los músculos, hice un poco de mi rutina de yoga para lograr que volvieran a estirarse y que no me molestasen.
Me dedique toda la mañana a leer los libros que debíamos preparar para la semana que viene, y luego a la tarde fui a cursar como siempre. No faltaron los mensajitos de Thomas, preguntándome que tal estaba; y luego charlando de boludeces. Me iba a hacer gastar los 10.000 euros en crédito para el celular.
Como a la noche se largo a llover tan fuerte, cancelamos cualquier tipo de plan de salir juntos. El insistió en venir, pero no quería que con ese auto se quedara varado en algún lado. Me deseo las buenas noches, y yo me puse a ver una peli en mi notebook. Primero había seleccionado Crepúsculo, pero por dentro pensé cuantas veces voy a verla; así que me decidí por una nueva que había descargado el otro día. Era romántica, y tan cursi, que a mitad de la película termine asqueada.
Como hacia mucho que no lo hacia, entre en mi msn, y en el facebook. Subí unas cuantas fotos de mi estadía en Londres. Sobretodo, las fotos que habíamos sacado el lunes con Thomas del atardecer. Le puse unos pies de fotos así nomas; y en una en la que se veía la mano de Thomas, lo etiquete, aunque no tuviera su mail. Era en si, la única foto que tenia de él. Nunca me había dejado sacarle una foto en la que se viera su cara. Eso iba a tener que cambiarlo.
Mire el reloj, y vi que ya eran mas de la una; así que apague todo y me dormí.
Ya siendo viernes, me levante temprano. Fui a hacer unos mandados, pero esta vez no me encontré con ningún “nido de pájaros” allí. Extrañaba esos ojos verdes, que brillaban cuando me miraban. Extrañaba su voz, tan suave… que a veces no lograba escuchar. No es mi culpa ser media sorda.
Habían pasado dos días, y extrañaba el olor de su aroma. Solo dos días, y extrañaba el escalofrió que producía su tacto. Solo horas, y mis oídos añoraban su risa. Minutos, y esa loca sensación de querer besar sus finos labios.
No hacia un mes que nos conocíamos, que ya me había enamorado. El paquete de hamburguesas que tenía en mi mano, cayó dentro del changuito de manera brusca; pues yo lo solté inconscientemente. ¿Dije que me había enamorado?... No, no, no. Eso no estaba para nada bien.
Vine a Londres a cerrar una herida, a huir de los problemas; no ha meterme en mas líos. ¿Qué era lo que estaba haciendo? ¿Por qué era tan irracional? ¿Por qué mi corazón me ganaba?
Solté un gran suspiro, y una anciana se acerco a preguntarme si me sucedía algo. Le tuve que decir unas tres veces que me encontraba bien para que me dejara sola. Fui caminando a casa, por inercia; pues mi mente estaba a miles de kilómetros de distancia de mi cuerpo.
Llegue al departamento, deje las cosas en la mesa, y fui a mi habitación. Una vez que me relaje en mi cama, empezó a suceder. Mis manos y mi frente comenzaron a sudar. Luego mis manos poco a poco se fueron poniendo tiesas. Esa sensación viajo desde mis manos, por mis brazos, hasta llegar a mi pecho.
Sentía que una piedra había sido puesta sobre mí, y no podía respirar. Sabia que era lo que me sucedía, pues ya me había sucedido antes. Era un ataque de pánico. Así que empecé, con mucho esfuerzo, a concentrarme en respirar lentamente y en procurar tranquilizarme.
Luego de varios intentos lo logre. Mi pecho comenzó a doler menos, y poco a poco fue moviéndose con normalidad. Luego pude mover mis brazos también. Y por ultimo, mis manos. Me quede unos minutos masajeando mis dedos, pues me dolían por haberse puestos tan tiesos.
E hice lo único sensato en ese momento. Llame a mi mejor amiga Roció. Debía hablar con alguien, y ella era la indicada. Primero se asusto, y me quería obligar a volver, pues yo lloraba desconsolada porque me había vuelto a enamorar. Pero luego cambio de idea, y me dijo “todo pasa por alguna razón; no luches contra esto”.
No iba a luchar contra esto. Un montón de cosas se confabularon para que viniera a este lugar. Quizás el destino tenía algo preparado para mí aquí. Debía quedarme y averiguarlo. Por fin pude volver a sonreír.

No hay comentarios:
Publicar un comentario