viernes, 6 de agosto de 2010

Capitulo 15 (2 de Septiembre)

Podía sentir como mi almohada tenía vida, y subía y bajaba. Debo estar soñando, pensé. Las almohadas no se mueven solas. Y entonces escuche también unas risitas. Que sueño más raro. Y luego, un clic, y ruido de flash de foto.

Ahí me levante. Entre mis brazos, tenia a un Thomas que acababa de despertar por mi manera brusca de levantarme; que me miraba sin entender nada. Gire mi cabeza hacia la puerta, y los vi a los tres de mis compañeritos de cuarto riéndose, con una cámara en la mano.

-Ni bien los agarre los voy a matar. Con lo que saben que odio despertarme de golpe- grite lo último.

Cerraron la puerta, aunque aun se podían escuchar las risas detrás. Suspire, y volví a poner mi cabeza sobre mi almohada animada.

-¿Mal humor?- me pregunto despacito, mientras me acariciaba el pelo con su mano libre… pues la otra se encontraba aplastada debajo mío.

Levante la vista, y entrecerré los ojos.

-Si no quieres morir... Déjame dormir un ratito más- y volví a poner mi cabeza sobre él. Mi almohada animada comenzó a sacudirse suavemente, pues Thomas se estaba… ¡riendo de mí! Así que levante la vista de nuevo, y le dirigí una nueva mirada asesina. Y volví a caer sobre él.

Esta vez si se quedo callado. Y continúo acariciándome el pelo. Cerré los ojos, y trate de dejarme llevar por sus caricias, así no tendría un mal día por delante. Luego de unos minutos, fui abriendo los ojos de nuevo, y me puse al lado suyo, dejándole respirar un poco. Vi que sonreía.

-¿Pudiste dormir bien?- le pregunte, colocando mi cabeza sobre mi mano, y apoyando el codo en el colchón. Asintió con la cabeza.

-Es la primera noche en dos años que no tengo pesadillas- y sus dedos recorrieron mi mejilla, haciendo que me sonroje. –Tú realmente me has cambiado-

-¡Ja! ¿Quién es Superman ahora?... Eh?!- y los dos nos reímos

-¿Quieres desayunar algo?... Puedo ir a buscar algo al Starbucks de acá a la vuelta-

-Naaa... Déjame mostrarte cómo cocinamos los extraterrestres en las cocinas terrestres- y nos levantamos y fuimos a la cocina, donde las risitas resurgieron. Además, de todas las cosas que nos decían por haber “dormido juntos”. Por suerte, los tres cursaban ahora, y se iban.

Prepare un te para mi, y café para él. Hice unos sándwiches, con queso, jamón y tomate (aunque yo no debería comer tomate, pues siempre me caían mal).

-¿Realmente tienes pesadillas todas las noches?- le pregunte. Era algo que me había quedado picando, y quizás pudiera obtener alguna pista para saber quien era.

-Mmm… Si… Hay veces en las que ni tomando las pastillas soy capaz de dormir toda la noche sin despertarme... Al principio, me había ido a vivir unos días con mis padres, pero mi madre sufría demasiado al verme así; así que me fui a la casa de mi hermana. Pero luego ella empezó a salir con Tom, y no me pareció justo estar en el medio de ellos. Así que terminé por buscar una casa que estuviera cerca de su casa. Si alguna noche se volvía muy difícil para pasarla sólo, tan sólo debía llamarla… Aunque creo que ahora optaré por llamarte a ti… Estás teniendo más efecto en mí.

-Tú si que amas a tu hermana...-

-Hermanassssssss- dijo con un tono gracioso, remarcando la “s” – Tengo dos de esas. Claro que una ya está casada, así que ya no me presta atención; pero es la madre de mi sobrina, mi pequeña princesa… Y en poco tiempo tendrá un varón. Adoro a mi familia. Mi familia y mis amigos son las razones por las cuales todavía estoy aquí y puedo hablar contigo- y se quedo callado.

-¿Eso significa lo que yo creo que significa?- le pregunte en un tono menos que el normal.

Suspiro, y su mano volvió a enredarse en su pelo (que en menos de quince días, había pasado de nido de pájaros, a simple melena, peinada y limpia).

-Creo… que… si- dijo, haciendo que su dedo recorriera en círculos la boca de la taza.

-¿No me estás jugando una broma, no?...- Lo vi morderse el labio inferior, había hablado mas de la cuenta. Sus dedos comenzaron a frotarse entre si de una manera nerviosa, tal como aquella vez que estábamos en la plaza. – Nop… No estás jugando.- dije afirmando, más que preguntando, y baje mi mirada hacia mis manos. Se produjo un silencio incomodo, a los que parecíamos acostumbrarnos cada vez mas. Y no sabia exactamente que decirle. Así que empecé por el principio.

Le conté que mi vida parecía perfecta. Un novio excelente, visiones a futuro, el trabajo que siempre había querido tener. Y luego el estallido. El caso que no salió bien. La niña que murió en manos de un padrastro abusador, protegido por la corrupta justicia. Como afectó eso mi vida personal, y como un día llegue a mi casa, y mi prometido me decía que me dejaba, que jamás pondría mi familia ante mi trabajo, y que no podía con eso.

Le conté como pedí licencia y me encerré en mi casa. Como me había convertido en un zombi. Su mirada me daba fuerzas para seguir, y sus labios sellados no emitían opinión, alentándome a continuar. Le conté como me corte las muñecas en varias oportunidades, no para suicidarme, sino porque esto me hacia desmayarme, y así tener menos tiempo que soportar la vida pasar y no encontrar solución. Y le conté como tenia lapsos en los que no recordaba que hacia, soñaba despierta y demás. Le conté del día en que desperté con el revolver en mis manos, y de cómo decidí venir acá.

-Sentir que había perdido por completo el control sobre mi vida, me hizo sentir extraña. Ese día decidí que tenia que encontrar la forma de salir de ese pozo… ¿Sabes?... Una vez que ya has tocado el fondo, no te queda otro lugar que ir hacía arriba… En ese momento en que sientes que el camino se acaba, tienes que saber observar y encontrar ese otro camino que se te abre para ti. Siempre hay nuevos comienzos.- Lo vi tomar aire como si realmente se estuviera ahogando, y poner su mirada en el horizonte. Me quede mirándolo, esperando alguna palabra por su parte.

-Nunca nadie, jamás, me había hablado de esa manera… Ellos, mi familia y amigos… Ellos han estado siempre a mi lado… Pero jamás llegaron a entender lo que me ocurría… Adentro mío...- su boca quedo abierta, esperando por palabras que fueran a socorrerlo, pero solo salía silencio de sus labios. Entonces me di cuenta que lloraba. Me acerque a él y lo abrace. –Esto es muy injusto… Tú acabas de contarme tu historia, y yo solo soy capaz de llorar por la mía… Soy realmente un egoísta.-

-No es así… Además, eres a la primera persona a la que le cuento toda la historia… Y… No te preocupes… Ya vas a encontrar la fuerza para contarme tu historia… No me importa cuando, sólo me interesa que sepas que puedes confiar en mí… Sólo ten en cuenta que estoy aquí para ayudarte cuando me lo pidas… Pero debes abrir los ojos para poder ver la salida de esto que te tiene tan afectado.-

Jamás había visto a un hombre llorar de esa manera enfrente de una mujer. No es que los hombres no debieran llorar, todo lo contrario. Llorar significa que están vivos, y que ellos también tienen sentimientos, aunque los expresen menos que nosotras. Y de nuevo frente a Thomas, un retorcijón de mi estomago me hizo estremecerme, pues en menos de doce horas, había visto llorar a Thomas dos veces. Y no eran simples lágrimas. Era un llanto, un desahogo.

Eventualmente tuve que echarlo de casa, pues debía prepararme para ir a cursar. Aunque me doliera en el alma dejarlo solo, yo también tenía cosas que hacer… y asistencia que cumplir si quería mantener la beca.

Fui a la Facultad, y allí me encontré con las chicas. Cursamos y luego me arrastraron al shopping. ¿Por qué todas las mujeres se encontraban obsesionadas con eso, menos yo? Dimos un par de vueltas, y aunque no quería ni saberlo, escuche que lo que gastaban en zapatos era una fortuna.

Lizzy se ofreció comprarme unos, y la mande bien a… que se comprara unos ella. Eso la fastidio un poco, pero ni en pedo iba a dejar que gastaran eso en mí. Mientras ellas seguían comprándose ropa, no pude evitar pensar que con los 10.000 euros que me había regalado Thomas, ellas solo hubieran podido comprar un conjunto de todos los que llevaban en las manos.

Obviamente, como yo no compre nada, me toco hacer de carga bolsas. Por suerte eran todas livianas. ¿Les venderán telgopor en vez de ropa?, me pregunte internamente.

Por suerte logramos salir de allí, y aunque me negué; termine con un regalo de Lizzy en mis manos. Una túnica con corte chino, creo que así se llaman, que llegaba hasta antes de las rodillas. El mío era un azul oscuro, con detalles en plateado. Lizzy se llevo uno negro con dorado, y Rose llevo uno rojo con negro. Le llevaron también uno a Anne, que a esas alturas ya se había ido, pero no logro zafarse ni de esa manera.

En el camino a casa, organizaron una salida en conjunto el sábado; en donde todas nos pondríamos los kimonos esos. Yo rodé los ojos, pero acepté. Otras opciones no me quedaban. No quería ni imaginar como reaccionaria Lizzy si me negaba.

2 comentarios:

Belewyn dijo...

Como siempre genial!!
Esperando que actualices pronto. Estoy deseando ver cómo Thomas le cuenta su histroia.

Nos leemos. Besines

Polly wants a cracker dijo...

Ainxxxx, que bonito <3
Me entristece que Thomas tenga tanto dolor, es tan tierno...

Un beso guapa y espero el proximo