Aunque disfrutaba enormemente de la compañía de Thomas, nos habíamos prometido tomar todo con más calma, así que tampoco buscábamos estar pegados. Por lo que anoche termine volviéndome sola a casa, a pasar la noche como siempre, con mis compañeros.
Hoy, sábado, me desperté, aun con la imagen de Harry Potter dando vueltas en mis retinas; así que decidí que era hora de concretar mi viaje turístico por los lugares donde había locales de Harry, y los lugares donde se habían filmado las pelis. Ya me había conseguido varios mapas y guías. Te decían que tren tomar, o inclusive que colectivos. Te decían a que lugares te convenía ir, y te contaban las historias de cada lugar.
Como el día parecía acompañarme, pues el sol estaba solito en el cielo, sin ninguna nube que lo opacara; me vestí bien cómoda, para pasar caminando todo el día, y empecé mi recorrido.
Cuando llegue al famoso museo, después de haber recorrido un montón de lugares (entre ellos la plataforma 9 ¾); me quede idiotizada. Los 27 años se me fueron volando, y me quede con solo 15. Empecé a ver las muestras. Había escenas de las películas. Había postres de los personajes. Inclusive había muñecos de cera de los personajes principales. El de Cedrig Diggory llamo mi atención, pero no supe entender el porque. Mire fijamente sus ojos, y el verde inundo mis sentidos, produciendo una sensación que hizo estremecer todo mi cuerpo. Despeje mi mente de ideas tontas, y seguí dando vueltas.
Mi perdición fue llegar al lugar donde vendían todo el merchandacing de la saga. Libros, películas, muñecos, postres, firmas, llaveros, y todo lo que se ocurriera estaba allí. Termine comprando un llavero con el símbolo de Harry Potter; una pulsera con el logo de Hogares; y un muñequito irresistible de Dumbledore.
Si hubiese sido por mi, me hubiese llevado toda la tienda; pues había de todo. Pero controle mi yo interior; pues sino iba a tener que regresar a Argentina, pues no me iba a quedar ni un euro. Aunque pensándolo bien, iba a tener que contratar un avión para mi sola.
Volvía a casa con una gran sonrisa en mi cara. Había sacado un montón de fotos, que vine viendo en el subterráneo. Como la salida quedaba a solo dos cuadras de lo de Thomas, decidí hacerle una visita sorpresa. Llegue a su casa, toque timbre, pero nadie me contesto.
Dando por perdidas mis chances, me di media vuelta y me fui hacia casa. No llevaba caminando unos pasos, cuando escucho que alguien grita mi nombre detrás de mí. Podría reconocer esa voz, aunque me quedara sorda.
Me gire, y vi como venia corriendo. Jamás lo había visto correr, y la verdad que resulto muy divertido. Era más despatarrado que yo. Cuando por fin me alcanzo, tenía sus mejillas de un adorable color rojo.
-Hola… ¿Qué andas haciendo por aquí?- me dijo sonriendo, e invitándome con su mano a seguirlo a su casa.
-Fui a hacer la excursión de Harry Potter… ¡¡Finalmente!!-
Se tropezó con una baldosa floja, y casi cae al suelo. Pero por suerte logre agarrarlo. Me reí de su torpeza, pero sus ojos estaban abiertos y su cara reflejaba tensión.
-Hey… No hay problema… Todo el mundo suele tropezarse… Perdona por reírme… Pero fue muy gracioso… Ahora… ¡Quita esa cara!-
-Si… perdón… Vamos-
Y entramos en su casa. Le conté todo lo que había hecho durante todo el día. Yo estaba re emocionada, mostrándole las fotos y demás; pero empecé a sentir que él no estaba a gusto con eso. Se mostraba nervioso y distrido. Así que cuando cambio de tema, tan solo abandone mis ilusiones y seguí las suyas.
Pensé que íbamos a cenar juntos; pero empezó a hacerse tarde, y se disculpo diciendo que tenía otros compromisos. Cuando me fui, su beso de despedida fue en mi mejilla, casi sin prestarme atención. Me quede boquiabierta ante la situación, pero lo deje pasar y me fui a casa.
En el camino, no lograba decidirme si debía enojarme con él o que emoción tener. Así que termine llamando a Roció. Hablamos por casi media hora. Me desahogue con ella. Y ella me aconsejó que lo hablara con él… y en joda me sugirió que le preguntara si era bi-polar. Me reí ante su sugerencia, pues a mí ya se me había pasado la idea por la cabeza.
Cuando llegue a casa, Peter notó el aire tenso. Después de escuchar mi pesado monólogo; me dijo que otra vez la parejita de tortolitos (entiéndase Peter y Sofía, que al fin habían empezado a esclarecer lo sumamente obvio) se había ido a comer fuera. Para no perder la noche, fuimos a un blockbuster y nos alquilamos unas pelis. Y así pasamos las horas, riéndonos y comiendo helado a más no poder.
Cuando termino la segunda película, mis parpados estaban cansados; y me pedían horas de sueño. Así que me fui a mi habitación. Revise mi celular, pero no tenia ningún mensaje, ni llamada perdida. Me quité la ropa, y me puse mi piyama. Fuera de lo que acostumbraba a hacer, me asome por la ventana; y me sorprendió lo que vi. El auto de Thomas estaba afuera.
De muy seguro el idiota se esta debatiendo entre bajar o no. Así que para hacerle más fáciles las cosas, fui yo hacia el auto… en piyama y todo. Lo encontré mirando hacia mi ventana, a unos metros de la puerta, justo enfrente de la casa; así que le golpee la ventanilla, para que viera que estaba al lado suyo. Se bajo del auto, temblando, y comenzó a jugar con sus manos. Sus nervios, me sacaban de quicio. Me quede mirándolo fijo, esperando que alguna palabra saliera de él.
-Yo… Yo quería pedirte disculpas por… Por mi comportamiento… De… Hoy… No me sentía muy bien- note alcohol saliendo de su aliento.
-¿Has estado bebiendo?-
Vi como maldecía por lo bajo, y movía su vista lejos de mi. Buscando algo que lo inspirara a mentirme o algo.
-Sam tenía razón… No te merezco…- y su mirada se clavo en sus pies. No había luna llena, pero pude apreciar como lagrimas comenzaban a querer salir de sus ojos. Esos adorables verdes ojos, tan llenos de indecisión. Comenzó a mecerse de un lado, hacia el otro, agarrándose mechones de pelo en el transcurso.
-¡¿Qué demonios es lo que te pasa ahora?!- le grite. –Un día dices que me amas… Y al siguiente que no me mereces… ¡¿Sabes qué?!... Porque no te vas a algún lado a aclarar tu mente, y luego vienes a buscarme… No estoy para juegos.- y me di media vuelta, furiosa; y entre a la casa, maldiciendo, pues de todos los estúpidos ingleses de los cuales me podía enamorar, me tenía que tocar el más complicado.
Con la luz apagada, vi como el auto de Thomas permaneció en el mismo lugar unos minutos más; y luego se fue. No se a donde, y no me importo. Había tenido un día esplendido, y no iba a dejar que me lo arruinara. Me sentí mal por ese pensamiento, pero realmente ya me había sacado de quicio éste extraño. Me metí entre mis sabanas, buscando algún consuelo; pero no hicieron efecto. Esa noche no pude dormir.

2 comentarios:
Ah!!!
Me tienes super intrigada!!
Deseando saber como sigue. Espero que actualices pronto.
Nos leemos. Besines
Como te lo digo siempre, espero con ansias el proximo :)
Publicar un comentario