viernes, 15 de octubre de 2010

Capitulo 19 (miércoles 10 de septiembre)


Thomas me había llamado la noche anterior, para asegurarse que hoy pudiéramos hacer unas cosas juntos. Me paso a buscar por la facultad, cosa que hizo que su hermana pusiera el grito en el cielo (delante de toda una clase de curiosos).

La gran sorpresa fue, que el vale ilimitado de helado no fue el único regalo.

-Me tienes que prometer que no vas a gritar, negarte, o algo parecido…- Me había dicho como ultimátum. Quería hacerme un regalo, que parecía que era caro, pues él ya había considerado la idea de que yo me oponga terminantemente.

Manejó con una gran sonrisa en la cara, y podía ver como cada dos por tres, nuestras miradas se cruzaban, y ambos nos poníamos colorados.

Finalmente llegamos al lugar. Era una gran tienda de electrodomésticos. Ahí me hice una idea de lo que iba a regalarme. Frente al chico que nos atendió, mis sospechas se corroboraron. Me regalaba un nuevo celular.

-Ahora podremos llamarnos cada vez que queramos… Y no tendré que oír tus quejas…- y paso un brazo alrededor de mi cintura, para guiarme hacia el mostrador donde exhibían todos los modelos. Ese tacto hizo que todo mi cuerpo se estremezca.

Había un montón de aparatos, y aunque yo tenía cariño con el mío… termine eligiendo uno que lucia espectacular… y tenia luces, mi único requisito de un Nokia.

Después de hacer todo el papeleo, salimos con Thomas del local. Le agradecí unas miles de veces por el regalo.

Llegamos a su auto, y como siempre, me abrió la puerta primero a mí. Entré y me quede viendo como daba la vuelta para subir a su lado; cuando un grupo de chicas, de unos veinte y tantos años, lo pararon en seco. Gritaban no se que cosa, y pude ver como desapareció la sonrisa que hasta entonces tenía.

Se saco una foto con ellas, y yo miraba desde adentro con el seño fruncido, sin comprender la situación; aunque él me había dicho que era conocido aquí en Londres, no pensé que tuviera tal reacción en las mujeres. Y allí comprendí sus miedos, y porque se ocultaba.

Se despidió lo mas amablemente que pudo de ellas y subió al auto. Las chicas siguieron mirando en nuestra dirección, y cuando me vieron a mi, me señalaban sorprendidas. Volví mi mirada hacia mi derecha, donde estaba él; y me encontré con un Thomas tiritando y sudando. Cerró sus ojos tratando de tranquilizarse, pero no sirvió de mucho.

Lo acuné entre mis brazos, tratando de que se calmara. Bese la lágrima que escapo de su ojo derecho, y al ver que aun estaba nervioso, fui besándolo por toda su mejilla. Me detuve en la comisura de sus labios, al notar que ya no temblaba. Mis ojos subieron, hasta encontrar los suyos.

-Gracias…- salió de sus labios… y el calor de su aliento me golpeo de lleno, pues aun me encontraba pegada a él. Las barreras se cayeron, y apoye mis labios sobre los suyos, suavemente, tal y como merecía ser tratado en ese momento. Cerré el beso y nos separamos.

No habló demasiado del tema. En realidad, no habló del tema. Cancelamos nuestros planes de salir esa noche; pues él no se encontraba a gusto entre gente después de lo ocurrido con el grupo de mujeres. Así que fuimos a su casa. Era la primera vez que iría a su casa.

Tenía una gran entrada, era de dos pisos. Entramos por el garaje, y vi que entrarían al menos, tres autos. Había otro auto en una esquina, pero debajo de una tela oscura, así que no supe cual era. Cuando le pregunte tampoco me lo quiso decir.

En el piso inferior estaba el living y la cocina. El living era enorme, y tenía dos de sus paredes ocupadas por Dvd´s de música y de películas. Unos sillones grandes se situaban frente a una pantalla gigante. La cocina, tenía una gran mesa de madera, y también era alucinante, como el resto de la casa.

En el piso de arriba se encontraban las habitaciones, baños, y la sala de música. La sala de música era genial, tenía acústica; y estaba llena de instrumentos. A la derecha, una colección de guitarras. Había otros instrumentos también, hasta una batería. Había para todo un ensayo de una banda.

En el centro, un gran piano de cola negro resaltaba entre todo lo demás. Lo miré, deseando por dentro que tocara algo; pero notando aún su seriedad luego de lo ocurrido hoy, no esperé que eso ocurriera hoy.

La ultima habitación que me mostro fue la suya. Estaba pintada de azul, tal como mi habitación en Argentina. No había muchas cosas. Solo una gran cama, mesitas de luz, un ropero y un espejo. Enfrente a la cama, había un gran ventanal, que daba al patio. La luz de la luna se introducía a la habitación, dando un toque romántico inesperado.

Bajamos, y pidió pizza. Mientras esperamos, nos pusimos a jugar con el Wii. Parecíamos dos niños, pero al menos volvía a sonreír. Cuando llegó la pizza, nos acomodamos en el piso, apoyándonos en los sillones. Comimos mientras mirábamos una película que pasaban en no se cual canal.

De postre, saco medio kilo de nuestro helado favorito. Trajo solo una cuchara, lo que no podía significar nada bueno… o totalmente lo contrario. Él se encargo de darme cucharada tras cucharada.

Entonces empezó a hacer el juego del avioncito, y la mitad del helado quedaba en mi rostro. Primero lo quitaba con la cuchara, y con la servilleta me volvía a dejar limpia. Entonces, llegando casi al final del pote, volvió a mancharme con el helado; pero esta vez, sus labios se encargaron de quitármelo de encima.

Se fue acercando lentamente, mirándome fijo a los ojos. La mano que sostenía el pote, lo soltó en la mesita que teníamos delante, y fue a parar a un lado de mi cara, sosteniéndome. Cerró los ojos cuando sus labios tocaron mi piel, y no pude evitar estremecerme por su tacto. Me miro, analizando si había alguna queja de mi parte; y como no emití sonido, volvió a besarme donde quedaba restos de helado.

Sus labios, fríos por el helado; iban recorriendo mis mejillas, que por su tacto, hervían. A pesar de tener esa barba larga y dura, a medida que me besaba, no podía sentir otra cosa que no fuera placer.

Mi cuerpo empezó a reaccionar, y mis manos viajaron, lentamente, del suelo, hacia sus hombros. Sus labios, comenzaron a atacar a los míos, ahora en forma directa. Nos separamos unos centímetros, para permitirnos respirar; pero nuestros labios se extrañaban, así que se juntaron nuevamente. Suavemente, una de sus manos comenzó a recorrer mi espalda, viajando ida y vuelta desde mi cintura, hasta mi cuello, apegándome aun más a él.

Sus labios me abandonaron, para bajar hacia mi cuello, y mis hombros. Allí empezó a recorrer con sus labios, dando pequeños besos y mordiscos en mi piel; desde mi hombro, hasta mi oreja. Iba suavemente, volviéndome completamente loca.

Mis manos se cansaron de sus hombros. Una viajo hacia la parte de atrás de su cabeza, jugando con su pelo; y la otra descendió por sus brazos, y luego busco su espalda, y subió por ella. Gemí cuando me beso debajo de mi oreja, y en ese momento en que mis murallas se volvieron a derrumbar; sentí como mi espalda se pegaba al suelo, y su cuerpo se colocaba suavemente sobre mí.

Lo escuche suspirar contra mí, cuando una de mis manos decidió hurgar dentro de su camisa, investigando su espalda, y luego viajando hacia delante, y tocar su dorso. Quería más, necesitaba tocar todo su cuerpo. Así que comencé a desabrochar los botones de camisa.

Deslizó sus manos por debajo de mi remera. Las volvió a bajar a mi cintura, y bajo un poco mas. Tomo mis muslos, y posiciono mis piernas, de forma tal que lo rodearan a él. Sus mejillas estaban encendidas en un rojo carmesí cuando volvió a levantar la vista para mirarme a los ojos. Su respiración se encontraba tan entrecortada como la mía, y un gemido salió de mis labios, cuando comenzó a mecerse sobre mi, rozándome con la parte mas dura de su ser en el lugar exacto de mi mayor excitación.

Sin poder resistirlo, nos fuimos quitando la ropa que tapaba nuestros cuerpos. Él me besaba en todo momento; y estalle en risas cuando corrió al baño y regreso con una tira de condones. Solo él podía hacer algo así.

Era el momento. Ambos estábamos desnudos. Su mirada me recorría, y yo no podía evitar estremecerme al pensar que pensamientos había en su cabeza. Los míos eran uno solo. Quería hacer el amor con Thomas… y lo quería ya. Así que pase mis manos alrededor de su cuello y lo atraje hacia mi.

Volvió a la tarea de besarme; y yo sutilmente fui bajando mi mano, hasta llegar a su miembro. Lo acaricie con la yema de mis dedos, y vi como cerraba los ojos y sus labios dejaban escapar un gemido. Lo toque entero, y ya no había dudas de que estaba listo. Abrió los ojos y me miro fijo, preguntándome si yo también lo estaba. Al cabo de unos segundos, se encontraba sobre y dentro de mí.

Comenzó lentamente, mirándome a los ojos, besándome los labios. Pero poco a poco su pasión se hizo más urgente, y empezó a acelerar el ritmo. Levanto unos centímetros el torso, haciendo que su punta masajeara de manera excelente mi punto “G”. Los gritos que hasta entonces era capaz de retener, comenzaron a salir de mi boca; lo que produjo que él aumentara aun más el ritmo.

Unas gotas de sudor bajaban por su frente, cuando vi que cerraba sus ojos y apretaba sus labios. Estaba cerca. Y yo también. Cuando ambos tocamos el cielo, se tiro a mi lado, y me posiciono a su lado. Aun temblábamos por el sentimiento, pero nuestras miradas no se cortaron.

-Te amo- me dijo mientras sus dedos recorrían mi rostro, y él trataba de controlar su respiración

-Yo también te amo, Thomas- le susurre en su oído, y note como sonreía.

-Escuche esas palabras tantas veces antes… Sin embargo, es la primera vez que realmente creo en ellas- y volvió a tomar mi cara entre sus manos, para seguir besándome, a ritmo lento, hasta acabar dormidos los dos.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
quiero leer mas puedes actuallizar pronto si? besitos

Anónimo dijo...

eppaaa mi amiga me acaba d ellamr a decir que actualizasates alfinn quiero un thomas para miii caundo actualizas de nuevo!hazlo pronto! siisisisisiisi? besos

Belewyn dijo...

Ah!!! pero cuando va a descubrir quien es?
Espero que actualices pronto. Besines